El gaditano José Aguilar acaba de lanzar un libro en el que recoge las anécdotas de hoteles que ha recopilado desde sus 18 años. Tras su experiencia como conserje en varios hoteles de cinco estrellas de la geografía española, el autor se lanza a plasmar sus vivencias en “Anécdotas de Hoteles”, que recoge historias de personajes famosos y anónimos.

“Una persona nunca se muere en un hotel”, asegura con aparente seriedad el jefe de conserjería José Aguilar, con más de cuarenta años de experiencia en su sector y autor de “Anécdotas de Hoteles”

Tampoco en los hoteles de lujo se tapan adulterios, ni los empleados intiman con los clientes, ni se discrimina a los viajeros por su indumentaria, ni los jeques árabes organizan fiestas “a la española”, ni se enfría la fruta en un bidé, aunque todo esto sí que pasa en las páginas narradas por José Aguilar.

Y es que más de cuatro décadas de experiencia entre un hotel de cinco estrellas de Marbella, otro de la misma categoría en Puerto de la Cruz (Tenerife) y un último en Torremolinos (Málaga) dan mucho juego, sobre todo si su autor ha apuntado desde sus dieciocho años las anécdotas más destacadas.

En este libro se cuenta no sólo historias de famosos, sino que personas anónimas también protagonizan escenas esperpénticas, como un huésped japonés desnudo en plena calle, con una hamaca en la mano, o un piloto que “amaneció” durmiendo con su cama en la piscina, rodeado de toallas y bañistas, por una broma de sus amigos tras una noche de juerga.

Un sinfín de anécdotas hoteleras son narradas por José Aguilar, que nunca quiso ascender ni abandonar su puesto pese a conocer seis idiomas, porque le gusta “la relación personal con el cliente y, en caso de ascenso, bajaría la calidad de este contacto”, asegura.

Y regresando a la primera parte, ¿Cómo “no” se mueren los clientes de los hoteles?: “o bien se les introduce en un ataúd y se les baja por un ascensor de servicio lejos de las miradas ajenas, o bien, la gobernanta les lleva al exterior en un silla de ruedas, camuflados con gorra o sombrero, bufanda y una imprescindibles gafas oscuras recuperadas del departamento de objetos perdidos”, confiesa José Aguilar.

Lo malo es cuando el ataúd se abre en el ascensor y el finado se derrumba en los brazos del empleado responsable, una anécdota real que aún sigue produciendo escalofríos a su protagonista.

Sin duda alguna. este libro debe ser muy interesante para todos aquellos que estudiamos Hotelería y Turismo. Es una forma de comenzar a empaparnos de todas las vivencias que hay en la cotidianidad de un hotel.

Con información del sitio web

http://www.abc.es

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